
En el caso de un eclipse de Luna,
el Sol es la fuente luminosa y la Tierra
es el cuerpo opaco. Para que la Luna
entre en el cono de la sombra es preciso
que la Luna esté en oposición
y en Luna Llena o plenilunio. Si la
Luna entra entera en el cono de sombra
se producirá un eclipse total
de Luna, si sólo entra una parte,
se producirá un eclipse parcial
de Luna.
Si el plano de la órbita lunar
coincidiese con la Eclíptica,
en cada oposición o plenilunio,
habría un eclipse de Luna. Pero
hay que recordar que el plano de la órbita
lunar está inclinado 5º 8'
respecto de la Eclíptica y,
por tanto el cono de sombra pasará unas
veces por debajo y otras por encima
de la Luna, luego no habrá eclipse
de Luna. Cuando haya una oposición
y la Luna se encuentre en el nodo (momento
en que la latitud de la Luna vale cero)
o próximo al mismo, entonces
habrá un eclipse de Luna.
Parámetros geométricos
de un eclipse de luna

El eclipse lunar lo pueden ver todos
los observadores que vean a este objeto
sobre su horizonte. Los tintes cobrizos
que se observan en un eclipse total
de Luna se deben a la refracción
de los rayos solares en la atmósfera
terrestre, proyectando sobre la Luna
matices comparables a los de una puesta
de Sol. La iluminación de la
Luna durante un eclipse depende de
nuestra atmósfera: el polvo,
las cenizas volcánicas en suspensión
en el aire oscurecen el eclipse.
El borde de la Luna se oscurece,
primero de manera poco apreciable,
posteriormente es más perceptible.
Después de una hora la Luna
ha entrado totalmente en la penumbra
de la Tierra y ha perdido brillo. Aparece
una escotadura negra que muerde el
borde este, es la entrada en la sombra
terrestre. La escotadura aumenta progresivamente
y en una hora ya ha envuelto a la totalidad
del disco lunar.
Al principio, la sombra es de color
gris azulado y a medida que envuelve
al disco lunar se torna rojiza. A partir
del eclipse total domina el rojo, pero
la tonalidad varía en el curso
del fenómeno. |