88. Las posibilidades del prismático
Un
buen momento para poner a prueba
la capacidad del prismático
adquirido, es apuntar en las noches
de invierno hacia el cúmulo
abierto de las Pléyades, muy
bien definida su situación en
cualquier Planisferio. Debemos distinguir
siete estrellas principales muy luminosas
y resolverlas con nitidez, las cuales
entran perfectamente en el campo que
nos dan los prismáticos de uso
corriente en la observación
astronómica. Entre y alrededor
de ellas aparecerán otras menos
luminosas pero perfectamente enfocadas.
Es todo un espectáculo observarlas.
Realizar un dibujo de su posición
y el conteo de las mismas comparando
el resultado con un Atlas Estelar,
supone un test de la capacidad del
binocular utilizado.
Durante
todo el año
disponemos de un astro como es nuestro
satélite, la Luna.
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Observarla
sobre todo en los cuartos creciente
y menguante disfrutando de la visión
de los "cráteres" y "mares" y
otras estructuras lunares. Realizar
dibujos de estas estructuras ayudan
al observador a ser crítico
con lo que observa y al mismo tiempo
consolida los nombres y caracterización
de la Luna.
Si la noche es buena, es decir, baja
en turbulencias y baja contaminación
lumínica en el puesto desde
donde se observa, la visión
del planeta Jupiter y sus satélites
galileanos, cuatro puntitos que aparecen
a ambos lados del planeta, mostrará la
visión conjunta, la calidad
de los binoculares utilizados y las
aberraciones ópticas residuales
que le son propias.
Durante todo el año podremos
ver a distintas horas de la noche y
si el tiempo lo permite la constelación
de la Osa Mayor. Otra prueba del comportamiento
del equipo, es localizar y enfocar
a la estrella central de los "mulos" que
tiran del Carro. Dicha estrella se
llama Mizar, y es una estrella doble
(en realidad múltiple), pero
con prismáticos sólo
podemos resolver, las dos estrellas
más luminosas del conjunto.
De las dos que visualizaremos, la menos
luminosa se llama Alcor. Esta visión
supone un buen ejercicio de la agudeza
visual y un excelente examen de cómo
responde el instrumento con el que
se observa.
Durante la estación invernal,
disponemos de un Cielo extraordinario
que en los comienzos de la Primavera
y en las dos primeras horas de la noche,
todavía se puede contemplar
con gran magnificencia, la Constelación
de Orión, también conocida
por el nombre de El Cazador. En el
centro de la constelación hay
tres estrellas brillantes que toman
una inclinación hacia el horizonte,
que representan el Cinturón
del Cazador. En la vertical de las
mismas hacia el horizonte terrestre,
cercano a ellas se encuentra, un puntito
brillante que observado con los prismáticos
se deja entrever una estructura nebular
en forma de pétalo, vulgarmente
llamada la Nebulosa de Orión
o M42 del catálogo de Messier.
Su visión es espectacular, no
tanto como la visión telescópica,
pero si espectacular, porque es muy
brillante.
En plenas noches vacacionales
veraniegas, es obligatorio visitar
la galaxia llamada Andrómeda
o M31. De nuevo la herramienta Planisferio
nos muestra su posición de altura
sobre el horizonte nordeste y entre
las Constelaciones de Casiopea y el
cuadrado de Pegaso. Observaremos si
la noche es oscura y limpia, una nubecita
algodonosa, pero apreciable en el campo
del binocular. Una visión inolvidable. |