Es
hora de que el observador utilice estas
lecciones y otras adquiridas fuera
de esta publicación "GALILEO",
y comience a observar, anotar, dibujar
y fotografiar todo aquello que ve,
sin dejarse influenciar por la subjetividad
de lo leído u oído, pero
sí contrastando y verificando
sobre el papel su propia experiencia,
en medio de la satisfacción
personal del trabajo bien hecho.
Como bien expresa el título,
por fuera de la órbita lunar
se sitúan los planetas del Sistema
Solar, compañeros de la Tierra.
Llamados en la antigüedad estrellas
errantes. Unos puntitos de luz, en
ocasiones más brillantes que
otras, colgados de la bóveda
celeste, las vieron y las vemos cambiar
de posición de un día
para otro, con respecto a las "estrellas
fijas".
Llegados a esta definición
simple de denominación planetaria,
haremos dos grandes bloques, uno con
los llamados planetas interiores (órbitas,
por el interior de la terrestre con
respecto al Sol), y otro con los planetas
exteriores (órbitas, por el
exterior de la órbita de la
Tierra con respecto al Sol).
Todos los
planetas internos y externos observados
a simple vista, aparecen como puntos
luminosos, diferenciándose
de las estrellas, en que su brillo
no titila, no parpadea
Sólo pueden ser confundidos,
cuando las estrellas y planetas cercanos
al horizonte están, bajo la
influencia de la atmósfera terrestre,
teniendo que atravesar su luz densas
capas de polvo suspendido, haciendo
temblar los puntitos brillantes observados.
En astronomía, se utiliza un
concepto o valor matemático,
para definir las dimensiones de cualquier
objeto celeste. En los planetas se
utiliza el llamado "diámetro
aparente" que es el valor angular del
diámetro que presentan los planetas
a observar, en un momento determinado.
Este valor angular viene dado en grados,
minutos o segundos de arco.
Nuestros
ojos, nuestras pupilas, subtienden
un ángulo con un valor determinado
para cada objeto observado y son capaces
de reconocer ángulos (resolución)
de hasta 1' de arco. Este valor es
teórico y depende de muchas
variables, tanto físicas como
de la capacidad y agudeza visual de
cada individuo.
De hecho, casi son necesarios
5' de valor angular para poder resolver
a simple vista el diámetro angular
de un objeto celeste. El Sol y la Luna
subtienden unos diámetros aparentes
de unos 30'. Nuestra estrella (el Sol),
tiene un diámetro real de 1.391.980
km. Nuestra vista resuelve su diámetro
en unos 30', a una distancia de nosotros
de unos 150 millones de km. A nuestro
satélite natural (la Luna),
con un diámetro real de 3.476
km, distante de la Tierra a unos 384.400
km, la vemos también con un
diámetro aparente de unos 30'.
Son los únicos cuerpos celestes
que podemos resolver a simple vista.
Telescópicamente
la Luna y el Sol son los "agradecidos" del
sistema solar. Así los llamo
porque pueden estudiarse cómodamente
por el astrónomo aficionado.
Como hemos visto en los artículos
sobre la Luna podemos observar con
altas resoluciones, prácticamente
con el máximo de aumentos permitido
por las lentes o espejos. El Sol, lo
mismo que la Luna. Sólo que
con este cuerpo y debido a su intensísima
luz, se deben tomar las precauciones
necesarias para filtrar la intensa
luminosidad, precisando los telescopios
u objetivos empleados en su observación,
de filtros especiales para asegurar
la visión sin producir daños
irreparables. En próximos artículos
hablaremos de cómo observar
a Helios (el Sol) a través del
telescopio. Mientras tanto, sino estamos
seguros, no utilizaremos el telescopio
para observarle. (Consultar en las
asociaciones astronómicas).
Vamos a tratar como observar Mercurio
y Venus (los planetas interiores).
En los mejores momentos de su aparición,
observamos sus diámetros angulares
de casi 12" para el primero y de casi
50" para el segundo. Como podéis
ver, nuestros preciados ojos no pueden
resolver sus diámetros angulares,
porque el límite de la vista
humana está por encima de esa
resolución angular (de 1 a 5
minutos), lo que nos obliga a utilizar
el telescopio para resolver sus diámetros.
Llegados a este punto y antes de usar
el telescopio, sí podemos contemplar
estos puntitos brillantes en los plácidos
amaneceres y atardeceres, e incluso
recoger instantáneas fotográficas
o en vídeo de la siguiente forma:
Con una cámara fotográfica
réflex, cable disparador, película
de 400 ASA o superior, trípode
estable y objetivo de 50 mm. Comenzamos
abriendo el diafragma a 2,8 ó 4,
pasamos el dispositivo de tiempos de
exposición a la posición
B y disparamos secuencias entre 20
y 15 segundos. Seguro que habremos
recogido instantáneas de los
puntitos brillantes planetarios.
Con la cámara de vídeo
soportada sobre un trípode y
utilizando la grabación manual,
recogeremos las mismas escenas que
con la cámara fotográfica.
Estos dos sistemas de registro son
ampliamente utilizados en los momentos
de las grandes conjunciones de los
planetas (planetas alineados). Imágenes
que dejarán en nosotros un grato
recuerdo.
En el N.º 16, 2.º Trimestre
de 2001 de nuestro boletín GALILEO,
comentábamos ampliamente lo
que expresan los términos planetarios
de elongación, conjunción
y oposición. En nuestra WEB
siguen estando ahí, por lo que
pasaré por alto estos conceptos.
Debo
resaltar que las elongaciones máximas
de Mercurio y Venus son los mejores
momentos para ser observados, por dos
motivos: uno, por estar situados más
altos sobre el horizonte y dos, por
su alto brillo, excepción hecha
de Mercurio sobre todo porque, a pesar
de situarse en máxima separación
del Sol (ángulo = Sol-Tierra-Mercurio
= elongación máxima),
puede encontrarse a baja altura sobre
el horizonte, debido a que la eclíptica
(recorrido aparente del Sol), es baja
respecto al eje de rotación
de nuestro planeta, como sucede en
las elongaciones máximas de
setiembre.
A Mercurio "el escurridizo", es posible
observarlo como máximo unos
90 minutos, después de que el
Sol se ponga por debajo del horizonte
en las mejores elongaciones vespertinas
(anocheceres). El mismo tiempo de observación
tenemos antes de la salida del Sol
en las mejores elongaciones máximas
matutinas (fig 2).
Si nos encontramos con brumas o relieves
naturales, estos dificultarán
su localización y observación.
Unos prismáticos de 7x50 ó 10x50
nos darán más ventajas
para su localización que a simple
vista. Al estar próximo al horizonte,
su color es de un fuerte amarillo-naranja,
motivado por la suspensión de
polvo en la baja atmósfera.
Así recuerdo yo a Mercurio
en los atardeceres de últimos
de Marzo y primeros de Abril de 1997,
en el que pude registrarlo fotográficamente
con una cámara réflex
y película diapositiva de 50
ASA. En esos días, la elongación
superior por la que atravesaba Mercurio
estaba situada entre los 18º y
los 19º, pero dispuse de un cielo
muy limpio y un horizonte totalmente
despejado. Recordemos que Mercurio
en los mejores momentos para su observación,
alcanza la 1.ª magnitud, teniendo
en cuenta que sus mejores elongaciones,
discurren desde los 18º hasta
los 28º.
Conocer con antelación los
momentos de las máximas elongaciones,
vienen de la mano de los anuarios de
efemérides que se publican en
el Estado (Anuario del Observatorio
Astronómico de Madrid y las
Efemérides Astronómicas
del Instituto y Observatorio de Marina
de San Fernando, Cádiz). También
podemos encontrar las tablas en las
revistas especializadas y boletines
de las asociaciones astronómicas.
Conviene recordar que debemos tener
en cuenta la altura sobre el horizonte
que alcanza la eclíptica, para
conocer las posibilidades que tenemos
de localizar a Mercurio.
A simple vista ya hemos indicado que
su observación, no pasa de ser
un punto más o menos brillante
bajo la influencia de su cercanía
al Sol y de las condiciones de la baja
atmósfera, donde las nieblas,
brumas y relieves montañosos,
serán determinantes para su
localización.
Mercurio visto al telescopio, sobre
todo con los de tipo medio (150 mm
de Ø), se resuelve con un pequeñísimo
diámetro, que sumado a las condiciones
anteriormente expuestas, a los resplandores
de la noche entrante o amanecer saliente,
junto a las turbulencias atmosféricas,
impiden reconocer ningún detalle
de su superficie, salvo los contornos
de la fase en que se encuentre el planeta.
Si se dispone de un diámetro
superior del objetivo (250 a 300 mm.
de Ø), observaremos un pequeño
aumento de su diámetro, pero
notaremos que las turbulencias también
son mayores, proporcionando una imagen
inestable.
La turbulencia que origina nuestra
atmósfera y la baja altura del
astro, casi alcanza 4", permite que
los instrumentos de menor diámetro
se vean menos afectados, que los de
mayor diámetro
No quiero pasar por alto el tránsito
de Mercurio por la superficie del Sol,
mal dicho por la superficie solar.
Es una expresión que se utiliza
en astronomía verdaderamente
es un tránsito espacial de Mercurio
por la fotosfera solar (conjunción).
La explicación física
del porqué se dan estos pasos
o tránsitos excede la pretensión
de este artículo, sólo
decir que se debe a la excentricidades
orbitales de ambos planetas (Mercurio
y Tierra). Hablaremos con detenimiento
de ello más adelante en otros
artículos.
Simplemente saber que es un fenómeno
curioso, que se da en unos períodos
anuales muy concretos y que el aficionado
que tiene la suerte de observarlo,
guarda un grato recuerdo y una experiencia
enriquecida en el cronometrado de la
entrada del pequeño disco, y
los distintos pasos, a veces cercanos
a las manchas solares, y la salida
de Mercurio de la fotosfera solar.
Se pueden cronometrar más instantes
de los contactos y del tránsito,
realizando un completo registro del
fenómeno.
La observación de este evento
al completo requiere dos condiciones:
una, que sea visible desde nuestra
localidad o desde donde tengamos por
costumbre realizar observaciones, y
dos, que el horizonte esté limpio
de impedimentos atmosféricos
y de accidentes naturales.
El observador deberá contar
con un telescopio adaptado para las
observaciones de la fotosfera solar,
situando en la boca del tubo telescópico
(filtro Mylar) u otros sistemas probados
en el seguimiento de las manchas solares.
El sistema más indicado es
la realización de tomas fotográficas
a foco primario, por medio del cual
se podrá registrar al completo
el disco solar. Otro medio de registro
es sustituir el objetivo normal de
50 mm, por un teleobjetivo de 125 ó 200
mm, que, incorporando uno o dos duplicadores
de focal, alcanza la inestimable focal
de 400 u 800 mm, la cual nos da un
considerable diámetro del disco
solar en el negativo. No olvidemos
montar en la boca del objetivo el filtro
Mylar.
Jamás se deberá usar
el filtro de ocular que acompaña
a los telescopios de baja calidad.
Se corre el riesgo de ceguera por
la rotura del mismo durante la
observación.
Durante el evento, observaremos un
pequeño disco oscuro de entre
10" y 12" aproximadamente. El camino
que recorre el planeta perfilándose
sobre el disco solar es el trazado
por una cuerda que corta la circunferencia
del disco.
Precisamente,
el 7 de mayo de 2003, Mercurio realizará un
tránsito por el disco solar,
siendo prácticamente visible
en toda la Península. El inicio
del fenómeno será invisible,
porque el Sol todavía no habrá salido
por el horizonte Este, pero hora y
media más tarde aproximadamente
ya se podrá observar cómodamente.
Los observadores situados más
al Este del Territorio, gozarán
de mayor tiempo de observación.
El evento en concreto tiene una duración
aproximada de unas 5 horas.
Así que, conociendo la fecha,
ya podemos ir preparando la instrumentación
necesaria. Tenemos el tiempo suficiente
para realizar pruebas de qué películas
fotográficas son las ideales
y preparar los distintos accesorios
para registrar el evento.
Estad atentos a los datos que publicaremos
en el boletín GALILEO y en la
página WEB. Para cualquier duda
de cómo, cuando y donde seguir
este acontecimiento astronómico,
acercaos a la sede de la AAV/BAE. Allí estamos
para resolver todas vuestras dudas.
Os adelanto un dibujo aproximado del
tránsito de Mercurio por la
fotosfera solar.
La saga planetaria continúa con el próximo capítulo en
el que Venus, el planeta de las nubes eternas, será el protagonista
de la historia. |