
La figura 1 representa
de forma esquemática la configuración
de todos los elementos ópticos
mínimos que se utilizan en su
construcción. El cuerpo A, llamado
objetivo principal, está compuesto
por dos lentes que forman el Sistema
Refractor Acromático. La lente
1, llamada biconvexa produce aberraciones
cromáticas que hay que corregir
(aunque no se extingan totalmente).
Se consigue colocando detrás
de la 1ª lente una 2ª bien
estudiada llamada lente divergente,
para que esta desvíe contrariamente
la luz de la 1ª y así conseguir
que los haces de luz pertenecientes
a las longitudes de onda de dos o tres
colores fundamentales, incidan en un
mismo punto del Plano Focal ( ver
figura 2 ).

La luz que recoge el
objetivo pasa al primero de los prismas de
reflexión total, reflejando
en sus paredes internas la imagen y
conduciéndola al segundo prisma
de construcción idéntica
al 1º. La función de estos
dos prismas, es la de enderezar la
imagen, es decir, ver la imagen tal
como la vemos a simple vista. La luz
es reflejada en el 2º prisma y
va directamente al ocular , que es
el accesorio que da los aumentos indicados
por el fabricante. El ocular está compuesto
de dos o más conjuntos de lentes.
A mayor número de conjuntos
de lentes, implica mejor calidad de
imagen. Según su construcción
el campo observado es más plano
y con menos aberraciones ópticas
residuales y por supuesto, encarece
el precio del Prismático.
Sobre
este accesorio ( el ocular ), hablaremos
en próximos artículos,
puesto que es, uno de los elementos
más importante de los telescopios
astronómicos. En los Prismáticos
estos oculares no se pueden intercambiar
como en los telescopios, es decir,
están fijos en el chasis del
cuerpo del instrumento.
Un buen objetivo además de
su cuidadosa construcción es
aquel, cuyas lentes han sido tratadas
con una película o recubrimiento
antirreflectante que proporciona imágenes
contrastadas, eliminando reflexiones
internas de las lentes. Visto el objetivo
de frente, con este recubrimiento aparecen
las lentes de un color violáceo
o anaranjado. Actualmente con el avance
producido en las técnicas de
construcción óptica,
han mejorado mucho la calidad de las
lentes. Pero hay que rechazar el Binocular
de ocasión, porque hay "gato
encerrado", sobre todo en el objetivo
y ocular. Es preciso consultar a los
expertos de las Asociaciones Astronómicas
si se tienen dudas, en la adquisición
de dicho instrumento.
Características
Los binoculares son definidos por
dos cifras anotadas normalmente en
el cuerpo del instrumento, de la siguiente
forma: 7x50 , 10x50 , 11x80 ,
etc. Presento estos tres ejemplos porque
son los más utilizados por los
aficionados a la Astronomía.
Existen en el mercado otros intermedios
para la utilización terrestre
y otros superiores para la observación
astronómica pero de un coste
muy elevado.
La 1ª cifra indica los aumentos que
da el prismático (7, 10, 11,
etc.) y la 2ª cifra (50, 80, etc.)
es el diámetro en mm .
de los objetivos.
A mayor diámetro del objetivo,
más luminosos serán los
prismáticos. A mayores aumentos
e igual diámetro del objetivo,
menos luminosos serán los instrumentos.
A mayores aumentos e igual diámetro
de los objetivos, la llamada " pupila
de salida ", será más
pequeña. Este concepto tiene
mucha importancia puesto que el diámetro
que presente la " pupila de
salida ", define el campo
observado, es decir, el ángulo
que forma el campo observado será mayor
o menor. A menores aumentos e igual
diámetro del objetivo, más
campo se abarca y mayor es la luminosidad
que recoge el instrumento. La luminosidad de
todo instrumento en la observación
astronómica es de vital importancia.
Es necesario que el prismático
esté equilibrado ópticamente,
es decir, que su objetivo disponga
de un diámetro requerido y se
corresponda con los aumentos que da
el ocular, para que el campo resultante
sea lo suficiente luminoso y resuelva
los objetos con puntualidad, con nitidez.
Dividiendo
el diámetro del objetivo entre
los aumentos, nos dá el diámetro
de la pupila de salida, del instrumento.
La pupila del ojo humano en la observación
nocturna se dilata al máximo,
como unos 7 mm. aproximadamente, haciéndose
menor con el paso de los años.
Conviene por ello, que las pupilas
de salida de los prismáticos
se aproximen a los 7 u 8 mm. Menores
de 5 mm. y mayores de 8 ó 9
mm. no son óptimos para la observación
astronómica. Por debajo de los
5 mm. no deja pasar la suficiente luz
para puntualizar un campo relativamente
oscuro. Y por encima de los 8 ó 9
mm. la pupila del ojo no puede recoger
toda la información luminosa
porque es menor su diámetro,
se convierte incómoda la observación.
Si colocamos los prismáticos
frente a la luz diurna y observamos
por los oculares a una distancia de
20 a 30 cm. de los ojos, veremos unos
círculos luminosos, siendo éstos
las llamadas pupilas de salida .
Si ya hemos calculado el diámetro
de la pupila de salida de nuestros
binoculares, por ejemplo:
Ps = D del objetivo / aumentos
en mm. 7x 50 = 50/7= 7,14
siendo este valor el diámetro
de la pupila. Su luminosidad es el
cuadrado de este valor 7,14 x 7,14
= 50,97 que indica el índice
de un modelo muy luminoso. Un 10 x
50-Ps = 5-Luminosidad = 25 siendo la
mitad de luminoso que el anterior ejemplo.
En mi caso, yo uso este último
con muy buenos resultados. Por debajo
de un índice de luminosidad
de 25 no son recomendables en la observación
astronómica.
Recordemos a los observadores que
utilizan lentes para corregir la visión
de sus ojos, pueden prescindir de las
mismas y corregir con el enfoque de
los prismáticos, su propio defecto
visual, excepto aquellos que padecen "astigmatismo",
ya que este defecto óptico,
no lo corrige el enfoque del binocular
Bien, conocida la construcción
del prismático, su capacidad
teórica y características
técnicas, es hora de que practiquemos
con ellos.
Como realizar el enfoque de las imágenes
El primer impulso que realizamos al
coger los prismáticos y apuntar
a una estrella o planeta, es el de
enfocar de inmediato con la rueda central
de enfoque, siendo esta práctica
muy habitual entre los aficionados
a la Astronomía. Pero
no es la correcta . Hay que
seguir un procedimiento que lleva escasamente
5 minutos, para sacar el mayor partido
de la imagen que queremos observar.
El procedimiento es el siguiente:
1º.- Se cierra el ojo derecho
o con la tapa correspondiente se obstruye
el objetivo derecho. Con el ojo izquierdo
visualizamos el objeto elegido y con
la rueda central enfocamos hasta conseguir
la imagen nítida y puntual.
Una vez conseguido, retiramos la tapa
del objetivo derecho y obstruímos
el objetivo del lado izquierdo o cerramos
el ojo izquierdo y con la rueda de
enfoque "instalada en el ocular
derecho" ajustamos la imagen,
consiguiendo nitidez y puntualidad
de la misma.
2º. - Debemos regular la distancia
entre ojos ajustando los dos cuerpos
del prismático y acomodándolos
a la distancia precisa que separa los
ojos de forma que, ambas imágenes
se superpongan con exactitud, dando
comodidad a la observación.
Las imágenes deben ser claras,
cuando las estrellas aparecen puntuales,
como puntos perfectos y luminosos.
En la mayoría de ocasiones,
las aberraciones ópticas no
han sido totalmente eliminadas y sobre
todo la aberración de "coma",
que aparece en muchos de los instrumentos
y también la distorsión
de "barrilete" que aparece en el perímetro
del campo observado. En función
de la calidad y precio de los binoculares
reside el que estas dos aberraciones,
aparezcan minimizadas.
La prolongada observación con
prismáticos, se hace imprescindible
la utilización de un soporte
rígido, que permita la observación
cómoda y que evite las vibraciones
del instrumento. El soporte rígido
es ni más ni menos que un buen
trípode y su estabilidad, está determinada
por su estructura. La fijación
del prismático al trípode
se realiza por medio de una pieza metálica:
Existen en los comercios de Fotografía
distintos sistemas de fijación,
siendo el más práctico
aquél que inmoviliza el cuerpo
del prismático al trípode,
pero que permite la manipulación
de los enfoques cómodamente.
A la hora de enfocar y poner a punto
el prismático, debemos elegir
aquellas estrellas u objetos planetarios
que nos permitan una cómoda
visión y cómodo manejo
de los mandos de los dos movimientos
de que consta el trípode.
Un buen momento para poner a prueba
la capacidad del prismático
adquirido, es apuntar en las noches
de invierno hacia el cúmulo
abierto de las Pléyades, muy
bien definida su situación en
cualquier Planisferio. Debemos distinguir
siete estrellas principales muy luminosas
y resolverlas con nitidez, las cuales
entran perfectamente en el campo que
nos dan los prismáticos de uso
corriente en la observación
astronómica. Entre y alrededor
de ellas aparecerán otras menos
luminosas pero perfectamente enfocadas.
Es todo un espectáculo observarlas.
Realizar un dibujo de su posición
y el conteo de las mismas comparando
el resultado con un Atlas Estelar,
supone un test de la capacidad del
binocular utilizado.
Durante todo el año disponemos
de un astro como es nuestro satélite,
la Luna. Observarla sobre todo en los
cuartos creciente y menguante disfrutando
de la visión de los "cráteres"y "mares" y
otras estructuras lunares. Realizar
dibujos de estas estructuras ayudan
al observador a ser crítico
con lo que observa y al mismo tiempo
consolida los nombres y caracterización
de la Luna.
Si la noche es buena, es decir, baja
en turbulencias y baja contaminación
lumínica en el puesto desde
donde se observa, la visión
del planeta Jupiter y sus satélites
galileanos, cuatro puntitos que aparecen
a ambos lados del planeta, mostrará la
visión conjunta, la calidad
de los binoculares utilizados y las
aberraciones ópticas residuales
que le son propias.
Durante todo el año podremos
ver a distintas horas de la noche y
si el tiempo lo permite la constelación
de la Osa Mayor. Otra prueba del comportamiento
del equipo, es localizar y enfocar
a la estrella central de los "mulos" que
tiran del Carro. Dicha estrella se
llama Mizar, y es una estrella doble
(en realidad múltiple), pero
con prismáticos sólo
podemos resolver, las dos estrellas
más luminosas del conjunto.
De las dos que visualizaremos, la menos
luminosa se llama Alcor. Esta visión
supone un buen ejercicio de la agudeza
visual y un excelente examen de cómo
responde el instrumento con el que
se observa.
Durante la estación invernal,
disponemos de un Cielo extraordinario
que en los comienzos de la Primavera
y en las dos primeras horas de la noche,
todavía se puede contemplar
con gran magnificencia, la Constelación
de Orión, también conocida
por el nombre de El Cazador. En el
centro de la constelación hay
tres estrellas brillantes que toman
una inclinación hacia el horizonte,
que representan el Cinturón
del Cazador. En la vertical de las
mismas hacia el horizonte terrestre,
cercano a ellas se encuentra, un puntito
brillante que observado con los prismáticos
se deja entrever una estructura nebular
en forma de pétalo, vulgarmente
llamada la Nebulosa de Orión
o M42 del catálogo de Messier.
Su visión es espectacular, no
tanto como la visión telescópica,
pero si espectacular, porque es muy
brillante.
En plenas noches vacacionales veraniegas,
es obligatorio visitar la galaxia llamada
Andrómeda o M31. De nuevo la
herramienta Planisferio nos muestra
su posición de altura sobre
el horizonte nordeste y entre las Constelaciones
de Casiopea y el cuadrado de Pegaso.
Observaremos si la noche es oscura
y limpia, una nubecita algodonosa,
pero apreciable en el campo del binocular.
Una visión inolvidable.
Bueno, se puede recorrer
la esfera celeste y enumerar visualizando
los numerosos objetos celestes, tanto
estelares como planetarios. De los
observadores depende el número
de horas de observación. Prismáticos
y Planisferio son dos herramientas
muy potentes, que equilibradamente
utilizadas y estrujando sus posibilidades
nos producirá unas gratas y
alicientes observaciones de las maravillas
del Universo. Continuará. |