Una,
saltando de astro en astro, de constelación
en constelación, vagando sin
rumbo y disfrutando de la belleza que
nos brinda el Firmamento. Otra, cuando
buscamos en la observación,
objetivos concretos a estudiar. Por
ejemplo, el estudio y evolución
del sistema planetario, el estudio
de las curvas de luz de las estrellas
variables, la medición de los
sistemas dobles estelares, las observaciones
diarias en la evolución de las
manchas solares, la fotografía
y la observación lunar, el reconocimiento
de los cúmulos estelares, etc.
La realización de estos trabajos
no se pueden improvisar, si queremos
resultados. Muchas observaciones fracasan
por no planificarlas. Esto no quiere
decir que, cuando se realizan observaciones
serias y planificadas, el aficionado
no disfruta. Todo lo contrario, el
aficionado siente que realiza algo
importante, puesto que, verifica datos
ya realizados y los confirma, otras
aporta nuevos parámetros que
sirven de apoyo como referencia a los
observatorios profesionales.
Sin profundizar en los detalles,
expongo la dinámica que se utiliza
en las observaciones. No busco implantar
unas reglas patrones, porque cada aficionado
avanzado basado en su propia instrumentación,
utiliza las propias como resultado
de la experiencia. Pero si repasaremos
unas reglas generales elásticas,
que ayuden a superar dificultades y
cometer los mínimos errores.
De aquí se deduce una regla
básica en toda observación.
El estudio de cualquier objeto celeste,
nos obliga a reunir previamente toda
la información que esté a
nuestro alcance, sobre él. Es
decir, su situación en el Firmamento
en la hora y día de su observación,
características físicas,
su hora exacta del paso por nuestro
meridiano local, instrumento con el
que se puede observar y verificación
del funcionamiento correcto del mismo.
La situación del astro en
el Firmamento, hace referencia a las
coordenadas ecuatoriales en las que
se encuentra, dando su posición
exacta en la esfera celeste. Estas
aparecen con dos reseñas: A.R
(ascensión recta) y D (declinación).
A.R viene expresada en horas, minutos
y segundos y D se expresa en grados,
minutos y segundos. (Ver
figura 1) .
 |
| Figura 1 |
Utilizando el Planisferio Celeste
del que hemos hablado en anteriores
capítulos, podemos buscar el
astro con estos dos datos: primero,
posicionando el mes el día y
la hora en que se observa. Segundo,
buscando en los paralelos al ecuador
celeste la A.R (horas, minutos, etc.)
y en los meridianos la D (grados, minutos,
etc.). (Ver figura 2).
Las características físicas
del objeto a observar, son aquellas
que nos hablan de su magnitud, tipo
de astro, su tamaño aparente
en el firmamento y otros datos específicos.
Estos datos vienen publicados en las
Efemérides de infinidad de Observatorios
profesionales que se publican anualmente,
también aparecen en revistas
especializadas de Astronomía
y en las publicaciones de las Asociaciones
astronómicas. En muchas de las
WWW de Astronomía y Astrofísica
instaladas en la Red, suministran información
sobre cualquier objeto celeste, entre
ellas, nuestra página lo confirma.
El paso por el meridiano local. Allí donde se sitúe el observador,
existe, aunque no esté dibujado en ningún mapa celeste, un meridiano,
que partiendo del Polo Norte o del Polo Sur, pasa, por encima de nuestras cabezas
y corta el horizonte. A esta línea imaginaria se le llama meridiano
local del observador.
Los astros salen por el Este y según
avanzan, ascienden, alcanzando su máxima
altura al cortar ésta línea
imaginaria y comienzan a descender,
hasta ocultarse por el Oeste. De modo
que, en su máxima altura sobre
el horizonte es cuando las condiciones
de observación son las mejores,
por dos aspectos fundamentales: uno
por comodidad en la visualización
y dos porque hay más posibilidades
de estabilidad térmica de las
capas atmosféricas, que posibilitarán
observar los objetos con bajas turbulencias
y por tanto, mejor estabilidad en las
imágenes.
Es conveniente comenzar las observaciones
antes de que culminen su paso los objetos
por el meridiano local, para así aprovechar
las mejores horas de la noche y evitar
perseguir al objeto cuando comienza
a descender hacia su puesta.
El cuaderno de campo. Esta herramienta
es imprescindible, además de
todos los informes que hacen referencia
de los objetos a observar. No se
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| Figura 2 |
tiene mucha costumbre en la mayoría
de aficionados de anotar en un cuaderno
de campo todo lo que se ve y las incidencias
de una jornada de observación,
aunque cada vez se tiene más
en cuenta.
Si observamos detalles planetarios,
características lunares, distribución
de las estrellas comprendidas en los
cúmulos estelares, dibujo de
las manchas solares y anotación
del nº de Wolf, etc., nos exige
la estricta anotación y dibujo
de los datos observados. De hecho,
las Asociaciones astronómicas,
disponen de Reportes (hojas gráficas
específicas para la anotación
del estudio planetario, heliofísico
y de Cielo profundo), en las cuales
el observador data y verifica los resultados
de las observaciones realizadas. De
esta forma el aficionado dispone de
una base de datos que le permite el
seguimiento y estadística evolutiva
particular.
La instrumentación. La totalidad
de los aficionados tenemos muy claro
que objetos estelares y planetarios,
no deben observarse y registrar con
un solo y único instrumento.
El tamaño aparente y la magnitud
del objeto, determinan el instrumento óptico
adecuado para su observación.
El aparato óptico que mayor campo abarca en el firmamento es, el prismático,
y en el registro observacional es la cámara fotográfica con sus
distintos objetivos fotográficos.
Los prismáticos de 7 x 50,
10 x 50 y 11 x 80, son idóneos
para obtener detalles lunares, sobre
todo en cuartos (creciente y menguante),
así como los cometas brillantes
y cúmulos estelares abiertos
del tipo de las Pleyades, Hiades y
cúmulos de la Vía Láctea.
El método de anotación y dibujo afianza al aficionado en:
- Asegurarse de lo que está visualizando.
- Retener en la memoria las estructuras
estelares y lunares.
- Disponer de un archivo de consulta.
Se debe utilizar siempre una luz roja
a la hora de anotar y leer información
durante el transcurso de la observación
para evitar que nuestros ojos pierdan
sensibilidad y perder tiempo hasta
nueva adaptación visual si se
utiliza luz blanca.
El registro fotográfico sin
seguimiento. Mucho se ha escrito sobre
este tema. Trataré de no repetirlo
pero si tocar pequeñas nociones
para abrir el camino a los iniciados.
Lo mismo que los prismáticos,
la cámara fotográfica
debe estar bien apoyada y sujeta al
trípode. La mínima variación
de altura, deslizamiento lateral y
pequeñas vibraciones, echará por
tierra las tomas realizadas.
Las cámaras fotográficas
llamadas reflex, son las más
adecuadas para el registro fotográfico
en la Astronomía, puesto que
el campo observado se realiza a través
del propio objetivo que en definitiva
es lo que la cámara va a registrar.
También permiten utilizar un
cable disparador, evitando con ello
vibraciones transmitidas al accionar
el botón de disparo. Las del
tipo manual y semiautomáticas
disponen de una gama de tiempos de
exposición, selector de las
distintas sensibilidades de películas
y control variado de diafragma permitiendo
al operador seleccionar las tomas y
un mecanismo importante, como es la
posición de disparo llamada
B, que permite realizar exposiciones
de tiempo, tanto como se desee.
Estas cámaras están
dotadas en su base de un agujero roscado
( ¼" Whitworth) universal, que
coincide su rosca con el tornillo incorporado
en el cabezal del trípode. Debemos
asegurar la fijación perfecta
del acoplamiento trípode-cámara.
Las películas fotográficas
de uso corriente para este tipo de
registros son las de media y alta sensibilidad,(400
a 3200 Iso), tanto si se utilizan en
blanco y negro como para papel color
o diapositivas. Los objetivos más
usados van desde el de 50 mm(el que
se adquiere al comprar la cámara),
hasta el 200 mm de focal.
Teniendo en cuenta que realizamos
fotografía sin contrarrestar
la rotación de la Tierra (sin
seguimiento motorizado y tampoco manual),
existe un límite de tiempo de
exposición, que varía
en función del objetivo utilizado
y de la altura sobre el horizonte en
que se encuentra la región o
el objeto a fotografiar.
Con un objetivo de 50 mm. y para registrar
desde el Zenit (el punto encima de
nuestra cabeza), hasta la región
del Polo Norte Celeste (estrella Polar),
el tiempo de exposición esta
comprendido entre los 27 y 20 segundos.
Si queremos registrar la zona comprendida
desde el Zenit hasta el horizonte,
el tiempo de exposición es menor
de 20 segundos. Utilizando un objetivo
de 200 mm., obliga a reducir el tiempo
de exposición entre 6 y 4 segundos.
Hay muchos aficionados que usan la
apertura total de los objetivos, es
decir el diafragma de la cámara
totalmente abierto. Este sistema permite
recoger más luz de las estrellas,
pero también, entra en registro
los defectos residuales de las ópticas
de los objetivos más corrientes.
En los extremos del campo que recogen
los objetivos, no son planos y el cromatismo
aparece con más intensidad.
Las estrellas dejan rastros, no siendo
puntuales, se producen reflejos internos
en los objetivos y los colores no son
reales.
A mi entender no se debe fotografiar
el Cielo con apertura total, sino cerrar
varios pasos el diafragma de la cámara,
para evitar los errores antes mencionados.
Mayores tiempos de exposición
que los arriba indicados suponen la
aparición en el registro fotográfico
de trazas estelares, las estrellas
no se registran como puntos sino como
rayitas contínuas.
La fotografía astronómica
es una sesión de observación
y como tal hay que anotarla. Se registra
el día y la hora en T.U (tiempo
universal). Se debe anotar el lugar
desde donde se realiza y sus coordenadas
geográficas (latitud y longitud).
Hay que registrar en el parte de observación
fotográfico el objetivo utilizado,
tiempo de exposición, diafragma
utilizado, marca y tipo de película
(Iso) utilizada. Conviene anotar la
altitud del lugar de observación
y las incidencias atmosféricas.
Todos estos datos ayudan a seleccionar
las mejores imágenes y son básicos
para determinar la posición
de los objetos registrados. Lo mismo
ocurre con el tipo de película
utilizada, puesto que, conoceremos
la respuesta que da en las condiciones
en que se han realizado las tomas.
Se han perdido grandes trabajos de
fotografía, por no disponer
de los datos específicos, por
no haber sido registrados.
Se puede profundizar en estas técnicas
de registro fotográfico, hasta
tal punto que, daría pie, a
componer un libro. En las librerías
especializadas, hay muchos textos sobre
el tratado de la Astrofotografía,
repetir lo que en ellos se dice sobrepasaría
el respeto de los autores. Además
entiendo que, el aficionado se hace
con la experiencia y rodaje. De enorme
utilidad es la consulta en las Asociaciones
de Astronomía a los socios más
experimentados en este campo. Mi deseo
con esta 3ª entrega es que sirva
de base, despierte vuestra pericia
y habilidad y os evite cometer los
mínimos errores al comienzo
del placer que supone registrar aquello
que estamos observando.
Como veis, los prismáticos,
el aparato óptico quizás
más barato y al alcance de los
aficionados, tiene su campo de aplicación,
y seguirá siendo la herramienta
de "pecho", como yo la llamo, para
disfrutar con las maravillas del Firmamento.
La cámara fotográfica
es el "apoyo y guarda" de nuestros
ojos. Anotar lo que se fotografía,
donde, como y cuando, plasmará ese
viaje por las estrellas, sin salir
del planeta madre, la Tierra. |