De
chico, en verano, durante las vacaciones
acompañaba
a mis primos apacentando los rebaños
en las montañas santanderinas.
En infinidad de ocasiones en los atardeceres
observaba la Luna a simple vista tumbado
sobre la hierba, me preguntaba como
sería su superficie, que había
en ella, ¿habría vida?,
de que estaba compuesta, ¿habría
ríos, montañas y valles?
Me estoy refiriendo a los años
60 del siglo pasado.
Así comenzó mi
afición al cielo estrellado,
que junto a las enseñanzas de
mi padre por el cariño a la
naturaleza, pastor en sus años
juveniles, observador profundo de todo
lo que se movía en la Tierra
y en la Bóveda Celeste.
La primera observación
lunar estuve pegado al ocular unas
tres horas durante aquel cuarto creciente,
recorrí la gran mayoría
de todos los accidentes. Me enganchó en
la observación de los cuerpos
celestes y es hoy en día, mi
debilidad en el registro fotográfico
selenita.
La Luna contiene
tal cantidad de aspectos físicos,
que su estudio geológico y composición,
permite al astrónomo que se
inicia, experimentarse en el dibujo
planetario, observación de su
morfología craterizada y medida
de la extensión de sus accidentes.
Contemplar su superficie es relajante,
por el simple placer de mirar.
La tenemos tan cerca
(unos 350.000 Km.), que nos permite,
incluso a telescopios pequeños,
aplicar grandes aumentos, teniendo
siempre en cuenta la apertura del objetivo,
es decir, que podemos aplicar el doble
de aumentos. Ejemplo, un diámetro
de 114 mm del objetivo principal o
primario podemos aplicar unos 200 aumentos
sin apenas pérdida de luz.
Teniendo en cuenta
este dato podemos decir que, un telescopio
con el objetivo de 150 mm de diámetro
y una focal primaria de 1200 mm, incorporando
un ocular de 20 a 26 mm de focal, obtenemos
unos aumentos entre 46 y 60. Los oculares
mencionados nos dan unos campos aparentes
que van desde los 40' a 60' según
los fabricante lo que nos permitirá observar
la Luna completamente, ya que el diámetro
angular aparente de la Luna vista desde
la Tierra es de 1 º (30'), por
tanto, entra en los oculares que he
puesto como ejemplo, enteramente.
Si utilizamos oculares
de focales más cortas, por ejemplo,
los comprendidos entre 9 y 18 mm de
focal, la visión lunar se ve
reducida a zonas, lo que nos ayudará a
registrar detalles más finos
de la superficie de nuestro satélite
en la medida que aumentamos los aumentos.
Es de dominio general
el llamado ciclo lunar que tiene una
duración de unos 29,5 días
de media, las cuales nos permite observar
cambios contínuos de los contornos
de su superficie. La órbita
que realiza la Luna alrededor de nuestro
planeta, nos da una imagen cambiante
de su cara iluminada produciendo cuatro
fases, popularmente conocidas como
luna nueva, cuarto creciente, luna
llena y cuarto menguante. Las fases
de luna nueva y luna llena también
son conocidas como novilunio y plenilunio,
siendo explicadas todas ellas por la
posición que toman la Tierra
y la Luna con respecto al Sol, como
muestra la figura 1 .

Cuando se produce
el novilunio, la Luna se sitúa
entre el Sol y La Tierra posicionándose
nuestro Planeta, por encima o por debajo
de la línea recta que nos une
a nuestra estrella. Después
de unos siete días aproximadamente
de la Luna nueva culmina el cuarto
creciente, también llamado primer
cuarto, que visto desde la Tierra es
medio círculo iluminado, apuntando
su curvatura hacia la puesta de sol
(oeste), en tanto que el otro medio
círculo está en absoluta
oscuridad.
El medio círculo
iluminado sigue creciendo y aumentando
su forma gibosa, que al cabo de 14
días y medio después
del novilunio, la cara visible de la
Luna aparece en su totalidad esplendorosamente
iluminada, llamada esta fase Luna llena.
En este punto la Tierra se sitúa
entre el Sol y la Luna. A partir de
ese momento el primer cuarto iluminado
va decreciendo de forma gibosa y al
cabo de 21 días aproximadamente
desde la Luna nueva, llega ésta
al cuarto menguante, también
llamado segundo cuarto, cuya iluminación
del medio círculo apunta su
curvatura hacia la salida del Sol (este).
El período
lunar continúa reduciendo el área
iluminada de nuestro satélite
y apareciendo este como un simple arco
tenuemente iluminado, alcanzando baja
altura sobre el horizonte este, finalizando
el período lunar con el nuevo
novilunio (luna nueva) desde que inició,
el anterior transcurriendo 29,5 días,
y así da comienzo la nueva lunación.
La Luna en su órbita
de traslación (órbita
alrededor de la Tierra) tarda el mismo
tiempo que dar una rotación
sobre su eje. Esta es la causa que
hace posible observar desde la Tierra
la misma cara iluminada de la Luna.
En realidad, observamos algo más
del 50% de su superficie debido a varios
movimientos específicos que
la Luna desarrolla debido a la proximidad
con la Tierra. De ellos hablaremos
en otro momento, debido a su importancia.
En la fase de Luna
llena, esta se presenta con toda su
grandeza. La intensidad luminosa es
muy elevada y en lugares sin contaminación
lumínica es posible la lectura
sin apenas esfuerzo ocular.
Con instrumentos
de apertura del diámetro superiores
a los 114 mm, molestan las retinas
del observador, incluso las puede dañar.
En mi caso, hace unos años observando
la luna llena con un Schmidt Cassegrain
de 200 mm de diámetro y sin
filtro amortiguador sentí a
los pocos segundos molestias que se
mantuvieron una semana. Aconsejo que
la observación en la fase de
iluminación total del disco
lunar, se realice con la protección
de un filtro verde o amarillo que amortigüe
la luz.
Durante
esta fase lunar la luz que nos llega,
sólo permite observar grandes
extensiones oscuras y claras acompañadas
de matices que van desde el blanco-amarillo
hasta el gris oscuro. También
se distinguen los gigantescos rayos
brillantes que surgen del cráter
de impacto llamado Tycho, diversas
estructuras de otros cráteres,
y afinando el enfoque podemos visualizar
en los extremos del disco iluminado
(limbo) muchas forma ciones estructurales
de la superficie lunar. Figura
2.
No obstante, serán
los cuartos crecientes, menguantes
y días intermedios cuando las
observaciones nos darán mayores
satisfacciones, puesto que en la Luna,
aparece el llamado terminador, que
es la línea que divide la luz,
de la sombra sobre la superficie selenita.
Este efecto visual realza los accidentes
lunares. La luz del Sol "dibuja" los
contornos de los cráteres, cordilleras,
grietas y mares, permitiendo la visión
de detalles en los mismos.
Amaneceres y atardeceres
en la Luna vistos desde la Tierra,
por ejemplo sobre los cráteres,
conforman distintas sombras en cada
salida y ocaso, datando la escala de
grises e intensidades de los mismos.
El ángulo dado por los rayos
de luz solar que inciden sobre la superficie
lunar, permite observar la altura de
los picos centrales que contienen muchos
de los cráteres, y observando
con claridad las terrazas de los circos,
delimitando cordilleras, resaltando
grietas y cañones entre los
llamados mares de la cara iluminada.
La zona del Polo
Sur lunar es la menos visitada por
los aficionados, que en muchas ocasiones
nos limitamos a los paralelos centrales.
La observación del Polo Sur
es de una belleza inmensa. La zona
está plagada de cráteres
que por la perspectiva aparecen ante
nuestra vista amontonados, deformados
en dirección este-oeste, unidos
por sus paredes unas aterrazadas y
otras lisas, en algunos se distinguen
sus picos centrales, como estacas que
quisieran medir sus alturas. Es impresionante
la visión telescópica.
Un ejercicio reconfortante
es, realizar durante varios días
en las fases de creciente y menguante,
un dibujo de la superficie lunar del
Polo Sur, recogiendo los cráteres
y accidentes que se encuentren en ella.
Esta tarea de entretenimiento, nos
ayudará a ser exhaustivos en
la observación planetaria, acostumbrándonos
a anotar todo aquello que vemos, preparándonos
para ser observadores críticos
en el estudio y análisis del
Universo.
Esta octava entrega
no trata de hacer un recorrido por
la Luna, analizando todos los accidentes,
composición, lugar, edad y medidas
no, lo que busco es, animar a los aficionados
que os iniciáis en la observación
planetaria, a que echéis raíces
en la observación, y que ésta
la realicéis exhaustivamente
y con espíritu crítico.
Aprender de lo que se observa, dibujarlo
y analizarlo, nos dará la experiencia
necesaria para poder aportar estudios
concretos y serios, además de
la satisfacción que se siente
ante la belleza contemplada.
¿Qué mejor
que comenzar con lo más cercano?.
Lo más cercano es nuestro satélite
natural, la Luna. La distancia media
que nos separa de ella es de unos 384.000
Km. Como antes mencionábamos
su diámetro angular visto desde
la Tierra es de medio grado. Con un
modesto telescopio podemos recorrer
toda su superficie (cara iluminada).
Como ya sabéis, todos sus accidentes
geológicos tienen sus propios
nombres.
Desde que Galileo
se asomó con su pequeño
refractor a la Luna, comenzó la
elaboración de los primeros
mapas lunares. A principios del siglo
XVII Michel Floret Van Langren, elaboró el
primer mapa lunar hacia el año
1645. Continuó con Hevelius
y Giovanni Baptista Riccioli, marcando
unas pautas a la nomenclatura en uso.
Después contribuyeron a la nomenclatura
J.M. Schröter, W. Beer y J.H.
Mädler. Ya en el siglo tan cercano
como el pasado, se creó la I.A.U
(Unión Astronómica Internacional),
que sentó las bases y la única
con autoridad desde entonces, para
nominar y realizar cambios.
Los datos actuales
y que nos sirven de base so la nomenclatura
de unos 6.240 cráteres en la
cara visible, unos 800 de los cuales
llevan su nombre propio y unos 5.450
se identifican con una letra griega
o latina que se le añade al
nombre propio del cráter más
cercano.
Este lo realizó brevemente,
puesto que la historia de la nominación
de todos los accidentes lunares estuvo
plagada de distintas metodologías
en la cartografía de nuestro
satélite natural, hasta que
la I.A.U puso orden en la 2ª y
3ª década del siglo pasado.
En la divulgación de los conocimientos astronómicos muchos autores,
una vez asentados en su tarea, remiten muy poco las fuentes de las que ellos
se alimentaron, unas veces por celo profesional y otras por "olvido".
Cuando el que suscribe
entró como socio de la Agrupación
Astronómica Vizcaína,
recuerda que, el Vicepresidente y que
actualmente sigue, me dijo estas palabras:
el conocimiento adquirido por la humanidad
en todos sus órdenes, no debe
ser ocultado nunca. Este principio
intento que sea el baluarte de nuestra
Asociación para todos los aficionados.
Con ese mismo objetivo
quiero remitiros a aquellas obras escritas,
de las que yo y muchos aficionados
bebimos, y que os ayudarán a
escudriñar, palmo a palmo la
superficie y composición lunar.
Me remito fundamentalmente a las obras
en castellano, que son las únicas
que yo he utilizado y que aún
sigo utilizando, exceptuando mapas,
que normalmente están en lengua
anglosajona:
- "La Luna. Selenografía
para telescopios de aficionados".
Julio C. Montejo. Equipo Sirius
- "La Luna. Estudio básico".José Violat
y Purificación Sánchez,Equipo
Sirius.Antares.
- La revista "Tribuna de Astronomía
y Universo" que edita el equipo Sirius,
contiene las direcciones y teléfonos
para adquirirlos. En muchos de sus
números publicados, hay artículos
muy valiosos sobre la Luna
- Mapa lunar
- Mapa lunar (cuadrantes)
- Las dos caras de la Luna
- "Antares" (revista de Tribuna de
Astronomía y Universo).
En la próxima
entrega hablaremos sobre la cartografía
lunar y su desarrollo, como utilizar
los mapas para realizar un recorrido
por toda la superficie de la Luna. |